domingo, 25 de octubre de 2009

Al Convento del Hoyo



En esta excursión vamos a ir al convento del Hoyo, en ruinas desde el final del siglo XIX, y que está situado en un paraje particularmente hermoso. El camino es fácil, aunque algo largo (unas 4 horas la ida y vuelta). En principio, no es preciso llevar agua, pues hay fuentes a lo largo del camino y en el propio convento. Es posible en verano – si el año no ha sido muy seco- bañarse por el camino en una alberca de las preparadas para los bomberos. No está de más echar un pequeño bocadillo o una pieza de fruta para reponer fuerzas en el convento.
La ruta puede hacerse en bicicleta (aunque hay alguna cuesta pronunciada), salvo unos 30 metros en que hay que bajarse y llevar la bici de la mano.
Salimos del Ayuntamiento. Si nos ponemos en la puerta del mismo, mirando a la plaza, cogemos la calle que sale enfrente a la derecha (calle de la Corredera), y la seguimos hasta el final. La calle tuerce bruscamente a la izquierda y sale frente a una fuente. Cogemos a la derecha, subiendo una breve cuesta. Se incorpora por la derecha una calle con una barandilla. Inmediatamente después de esta incorporación hay una bifurcación. Cogemos la calle de la derecha, que tiene en su acera derecha un muro de hormigón.

Seguimos esa calle, que se convierte en un camino hormigonado y con fuerte cuesta y luego en una pista forestal que va llaneando. Se nos une una pista a la derecha y luego otra que cruza diagonalmente. Estamos llegando a la colina del “Fortín”, donde hay algunas instalaciones recreativas, que dejamos a nuestra izquierda. Aquí hay que tener cuidado porque hay varias pistas y es fácil perderse. Noso
tros cogeremos una pista que se nos cruza en ángulo recto, bajando a la izquierda, por la pista que está hormigonada, y que nos conducirá al paraje conocido como El Cabril.

La pista baja entre pinos y describe una curva cruzando un arroyo. A pocos metros deja de estar hormigonada y se convierte en una pista de tierra, que es la que seguimos, dejando a la derecha un camino menos ancho, que es el que lleva a la Trahúlla (otra excursión que describiremos en otro momento).

El camino sigue bajando entre pinos, con algún olivar a los lados, y llega al río de San Blas, que cruzamos por el puente del Cabril, precioso puente medieval cubierto de hiedra. Merece la pena buscar la manera de bajar al arroyo para echarle un vistazo. Al pasar el puente a la derecha hay una fuente.

Seguimos por la pista que asciende fuertemente serpentando alejándose del río y luego contornea la loma de la montaña paralela al rí
o. Al poco sale un carril a la derecha, casi paralelo al que traíamos, ascendiendo fuertemente. Lo cogemos y subimos por el. El carril sube contorneando la loma de la montaña. En un trozo de unos 30 metros se convierte en un sendero (es el viejo trazado del sendero del convento) y luego vuelve a ser carril. Sigue ascendiendo y al cabo de un rato llegamos a una alberca de las que están preparadas para coger agua en caso de incendio. A ella vierte una fuente. En días calurosos podemos aprovechar para darnos un baño en esta alberca.
Tras pasar la alberca la pista forestal se bifurca. Sale una a la izquierda, pero nosotros seguimos por la que va a la derecha, subiendo.

El camino traspone la loma y sale a un valle estrecho. Se adentra en él, llaneando o subiendo un poco, buscando el fondo del valle, que es donde se encuentra el convento. La vegetación, que al principio es de pinos, va cambiando, y va cediendo espacio a madroñeras, robles, brezos y finalmente un bosque de alcornoques. En el fondo del valle nos acompaña el murmullo de los arroyos. Cruzamos un pequeño regato, y entonces hemos llegado a las ruinas del convento del Hoyo.

Del convento queda un resto de la iglesia y trazas del claustro. Al otro lado del carril hay algunos edificios, que al parecer formaban parte de un molino de los frailes.

La vuelta la emprendemos por el mismo camino.

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